sábado, 23 de agosto de 2014

La Coca - Peru Inca Trail

La Coca - Peru Inca Trail: Su nombre exacto en idioma quechua es kuka. y su denominación científica es Eryth- roxylon coca. Es un arbusto oriundo del Perú, que crece en tierras húmedas y de clima cálido y subcálido, entre 1 500 y 1 900 msnm. Su tallo, delgado y poco ramoso, alcanza unos 2 m. De él brotan ramas delgadas con abundantes hojas, ovaladas y enteras, que muestran una nervadura central bastante acentuada. Sus flores son blancas y pequeñas; y sus frutos, aprovechables sólo por las semillas, son pequeños y secos, en forma de drupas ovaladas de un vivo color rojo.

Desde antiguos tiempos prehispánicos fue muy apreciada esta planta, por el leve efecto psicotrópico de la masticación de sus hojas. Estas poseen una pequeña proporción de cocaína en la forma de cinomilcocaína, alocinamilcocaína, tropococaína y benzoilecgomina, compuestos resultantes de diferentes combinaciones de los ácidos cocaico y truxílico, que sufren alteraciones por acción de la luz solar, el calor o el tiempo. El contenido de alcaloide de las hojas se eleva hasta 40 y 60 por ciento si son secadas al sol o a la sombra. Esta es la fase inicial del proceso conducente a destilar y concentrar el alcaloide para uso narcótico. Cuando el paso del tiempo es mayor, la cocaína se crueca en cinomilcocaína. La hoja fresca, en cambio, como la usa el hombre andino, sólo ofrece efectos estimulantes y tónicos.

Las hojas de coca se acullican (se mastican) aderezadas con llipta (ceniza), formando un bolo que es retenido en la boca y lentamente proporciona sus beneficios, sin necesidad de ingerir nue\as finjas durante algunas horas. Todo este proceso de masticación y disfrute de sus efectos es el chacchado de la coca, que "estimula, abstrae, alegra, entristece, embriaga, ilusiona, alucina, impasibiliza" (según el escritor Enrique López Albújar). Al chaícharla adquiere el campesinb resistencia a la fatiga y al hambre, o sutileza para penetrar en las complejidádes’del alma humana. Con ella oficia el pacco (chamán andino) durante sus ceremonias mágicas; y ensimismado, el hombre andino la saborea para penetrar en los arcanos de su destino.

La hoja de coca tiene también aplicaciones medicinales de antigua data. En casos de cefalalgia se aplican las hojas de coca, algo mascadas o enteras, sobre las sienes. Para mitigar los dolores ventrales se masca las hojas con llipta. La infusión se toma para contrarrestar el mal de altura, para controlar la diarrea y aun los vómitos originados por la tuberculosis; y en fricciones se emplea para curar los sabañones.

No se ha encontrado la coca en estado silvestre, y los testimonios arqueológicos dan a conocer que su uso estuvo ampliamente difundido mucho tiempo antes de ser unificado bajo el dominio de los incas, de modo que su cultivo fue el resultado de seculares trabajos. Al efecto, empezaban con la preparación de la semilla; cogían los frutos durante el mes de marzo, por ser entonces cuando aquélla se halla en sazón; la ponían donde no le diera el sol; en su momento formaban almacigos; y luego trasplantaban éstos a las chacras, formando hileras en las cuales debían quedar las plantas a medio metro una de otra, y cuidando que las raíces quedasen íntegramente estiradas, pues basta que se doblen o se quiebren para ocasionar la pérdida del retoño. 

Cuando han llegado a su punto, "cogen la hoja tomando cada rama de por sí entre los dedos de la mano, la cual corren con tiento hasta llegar al pimpollo; (pero) no han de llegar a él porque se seca toda la rama. Cogida la hoja, la secan al sol; no ha de quedar del todo seca porque pierde mucho el verdor, que es muy estimado, y se convierte en polvo, por ser tan delicada, ni ha de quedar con mucha humedad, porque en. los cestos donde la echan para llevarla de unas partes á otras, se enmohece y se pudren han'de dejarla en un cierto punto, que participe de uno y de otro. Los cestos hacen de cañas hendidas, que las hay muchas y muy buenas, gruesas y delgadas, en aquellas provincias de los Antis; y con las hojas de las cañas gruesas, que son anchas de más de una tercia y largas de más de media vara, cubren por de fuera los cestos, porque no se moje la coca, que la ofende mucho el agua; y con un cierto género de cáñamo, que también lo hay en aquel distrito, enredan los cestos. Cógese aquella yerba de cuatro en cuatro meses, tres veces al año, y si escardan bien y a menudo la mucha que con ella se cría de continuo, porque la tierra en aquella región es muy húmeda y muy caliente, se anticipa más de quince días cada cosecha; de manera que vienen a ser casi cuatro cosechas al año; por lo cual, un diezmero codicioso de los de mi tiempo, cohechó a los capataces de las heredades más ricas y principales que había en el término del Cusco por que tuviesen cuidado de mandar que las escardasen a menudo; (y) con esta diligencia quitó al diezmero del año siguiente las dos tercias partes del diezmo de la primera cose cha" (Inca Garcilaso). 

Antiguamente estuvo limitado su cultivo a las chacras del inca; y para labrarlas eran enviados los criminales, pues la humedad y el calor las hacían insalubres para las gentes de la tierra alta, de modo que sólo a manera de castigo era posible recoger las hojas en sazón. Su uso estuvo limitado al inca y la nobleza; pero a manera de favor solía aquél permitirlo a quienes se distinguían en su servicio, y, con cautelosa medida, a los soldados en campaña o a los chasquis que vencían los caminos del imperio. Y tan alta estimación dispensaron a esta planta que la ofrecieron en los más solemnes sacrificios, así como a las huacas para atraer la protección de los ancestros, y a las apachetas para que les permitiesen vencer las asperezas de la jornada. 

Después de la conquista dividiéronse las opiniones de los españoles en tomo a los efectos de la coca: pues unos los atribuyeron a la influencia de las antiguas supersticiones, otros pensaron que eran puramente imaginarios, y no faltaron quienes la vieron producir "fuerza y aliento en los indios", pues "con un puñado de coca (podían) caminar doblando jornadas, sin comer a veces otra cosa" (José de Acosta). En consecuencia, permitieron la generalización de su empleo, tanto para halagar a los indios como para obtener el mayor rendimiento de su trabajo. Aumentó su consumo en tal grado, que se velan manadas de dos y tres mil llamas, cargadas con cestos de coca; y sólo en Potosí alcanzó el año 1583 a 100 000 cestos, cuyo precio por unidad llegó a ser hasta de cinco pesos ensayados. Una di-fusión en tal escala hubo de originar alguna preocupación a las autoridades y a los misioneros: el virrey Marqués de Cañete dispuso la restricción de los cultivos, el primer Concilio Límense (1567-69) juzgó que el chacchar se vinculaba a las antiguas prácticas religiosas de los indios, juristas como Hernando de Santillán y Francisco Falcón consideraron la necesidad de adoptar providencias que condujesen a la extirpación del coqueo, y el virrey Francisco de Toledo creyó conciliar los opuestos puntos de vista mediante la reglamentación del cultivo y el comercio de la coca. Andando el tiempo, hubo hombres de ciencia que llegaron a recomendar "la planta divina", sugiriendo su empleo doméstico en lugar del té; encareciendo su benéfica acción sobre las energías de marinos y sol-dados; y aun destacando sus virtudes analgésicas, depurativas y estimulantes.

No obstante la extensión y la frecuencia del hábito del chacchado, sería erróneo estimar que este tipo de consumo genera toxicomanía. Esta costumbre se caracteriza por el uso regular de unas pocas hojas para todo el día. Por otra parte, esta forma de coqueo no origina deterioro de la actividad mental o física, ni relajación moral. Existe un margen importante de cultivo tradicional de hoja de coca que nada tiene que ver con actividades delictivas.  "www.peruincatrail.net".

En distintas ocasiones se han dado campañas que han presentado el chacchado de coca como una toxicomanía (acompañada por trastornos digestivos, cefalalgia, limitación del apetito e insomnio), promoviendo campañas sanitarias y educativas para combatirla y limitarla. No obstante, se advierte actualmente que los síntomas analizados se presentan aunados a la alimentación deficiente y cierto grado de alcoholismo, de modo que los trastornos experimentados por los coqueros no deben reputarse íntegramente a los efectos de la planta, sino al complejo fisiológico que acompaña a todo desgaste orgánico.

Durante la década de 1950 los mayores cultivos de coca se localizaban en los departamentos de Cusco, Huánuco, Ayacucho y La Libertad. Cuatro décadas después, durante los años 1990, la mayor producción se ha registrado en los departamentos de Huánuco (en la cuenca del Huallaga y del Pachitea), Ucayali, Apurímac y Cusco, correspondiendo a este último el cuarto lugar en importancia. El año 1950 la producción toral de coca ascendió a 8.603 T.M., elevándose en 1960 a 9 045 T.M. A nivel nacional, en términos totales, el cultivo de coca abarcó 115 300 ha en 1995 y disminuyó a 38 700 ha en 1999. A su vez, la producción de hoja de coca, que fue de 183 600 toneladas métricas en 1995, bajó a 69 100 toneladas métricas en 1999. En el caso del Cusco, el área cultivada de coca en términos totales alcanzó 7 500 ha en 1999, dando una producción de 6 700 T.M. de hoja de coca para ese mismo año.

Durante la década de 1990 el fenómeno del narcotráfico obligó a diferenciar entre el cultivo tradicional de hoja de coca, destinado al chaccheo, y el destinado al mercado ilegal, notoriamente expandido en zonas de ceja de selva y en la cuenca del Huallaga. La proliferación del narcotráfico no sólo ha tenido efectos perniciosos internos, sino también en la imagen externa del Perú, dando lugar a una tergiversación del verdadero sentido del uso tradicional de la hoja de coca, cuya importancia ceremonial, tónica y medicinal desde tiempos milenarios nada tiene que ver con la drogadicción. Según cifras oficiales, el Perú produjo en 1990 el 60% de la producción mundial de hoja de coca. De una superficie total de 121 000 ha. destinadas en 1990 a este cultivo, cerca de 10.000 tuvieron como finalidad el consumo tradicional y 111 000 el mercado clandestino destinado a la elaboración ilegal de drogas. En 1990, de una producción total de 197 000 T.M. de hoja de coca, se estima que 181 000 T.M. fueron dedicadas al mercado ilegal, facilitando la producción de 1 600 T.M. de pasta básica de cocaína y 700 T.M. de clorhidrato de cocaína. Hasta 1997, gracias al esfuerzo conjunto del Estado peruano y los organismos internacionales relacionados con el control de drogas, las ha. destinadas al cultivo de coca disminuyeron de 121 000, en 1990, a 69 000 en 1997. En el mismo período, la producción de hoja de coca descendió de 197 000 a 130 000 T.M. Influyó en esta disminución el creciente debilitamiento de los grupos armados, ya fueran del narcotráfico o terroristas, que obstaculizaban la acción promocional del Estado en esas zonas. Este proceso positivo sigue su curso, que requiere ser complementado con políticas apropiadas en los países que son grandes centros consumidores.  "www.peruincatrail.net".

A diferencia del chaccheo dé hoja de coca, que aprovecha nutrientes y consume un bajo índice de alcaloide, las drogas derivadas de la hoja de coca concentran alcaloide puro mediante agentes químicos dañinos. De ahí que a la adicción se añada un grave riesgo a la salud. El producto narcótico contiene abundantes sustancias residuales altamente tóxicas y letales, ya que todo el proceso de concentración, secado (pasta básica) y cristalización (clorhidrato) requiere constante aplicación de kerosene, amoniaco, ácido sulfúrico, ácido clorhídrico, soda cáustica y permanganato de potasio. La Organización Mundial de la Salud ha opinado en contra de las propuestas de legalización de la cocaína no sólo por el aspecto adictivo sino también por las condiciones insanas de su procesamiento. Estas drogas, en todas sus modalidades, ocasionan directos daños físicos al producir hiperactividad vegetativa, hipertermia, psicosis tóxica, anorexia, rinitis crónica, hipertensión y arritmias respiratorias. Estos efectos se traducen en lesiones orgánicas, y anímicamente en inestabilidad emocional, dificultad comunicativa, abulia, negligencia incontrolada y violencia súbita contra seres queridos. La principal política antidrogas es la prevención y la difusión del peligro que ofrecen. El problema social ocasionado por las drogas en el Perú es importante. Mientras en 1988 los consumidores de pasta básica de cocaína y de clorhidrato de cocaína sumaron dentro del Perú 363 000 individuos respecto a una población de 21 millones de habitantes, en 1998 sumaron 3 millones de personas sobre un total de población de 24,5 millones de habitantes "www.peruincatrail.net".

La sustitución de los cultivos ilegales de coca por otros productos, útiles y a la vez rentables, es considerada por la comunidad internacional como la solución más efectiva para atender el problema social que representa esta actividad. Tanto en América del Sur como en otros continentes, el narcotráfico fomenta cultivos ilegales sin ocuparse directamente del desarrollo sostenido de dicha actividad, centrando su atención en localidades desatendidas económicamente y con dificultades para generar mejores ingresos con otros productos. La acción estrictamente militar y la erradicación violenta de los cultivos ilegales en determinadas circunstancias puede agravar el problema social antes que resolverlo. Por otra parte, además de involucrarse en una actividad riesgosa, los agricultores que optan por el cultivo ilegal de coca sufren un rápido deterioro de sus tierras hábiles, que no puede subsanarse sin apoyo técnico. La actividad co- calera no programada ha dado lugar, entre 1988 y 1996, a una tasa de deforestación del orden de las 1 000 ha. anuales, según el INEI. 

No es posible lograr una producción continua de coca más allá de unos pocos años, de tal suerte que los cultivadores ilegales pronto se ven obligados a migrar en busca de nuevas tierras. Hay, por tanto, implicancias sociales y ecológicas que deben tomarse en cuenta. En forma conjunta con el Estado peruano y diversos organismos no gubernamentales, el PNUFID (Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas) conduce desde 1984 proyectos de prevención del uso de drogas y de promoción de cultivos alternativos en el marco de las convenciones internacionales respectivas suscritas por los países de las Naciones Unidas en 1971 y 1988. 

El programa de cultivos alternativos ha invertido entre 19 84 y 1998 un total de 50 millones de dólares, y entre 1988 y 1995 ha logrado sustituir 20 000 ha. de cultivo ilegal, beneficiando a más de 15 000 familias. Se han desarrollado en los últimos 10 años 8 proyectos importantes de cultivos alternativos: Bajo Huallaga, Huallaga-Pachitea-Ucayali, Aguaytía-Pichis Palcazu, Monzón-Tingo María, Apurímac-Ene, Palmapampa, Inambari-Tambopata y, en el Cusco, La Convención y Lares. Según datos del PNUFID (Naciones Unidas), el proyecto La Convención y Lares, entre 1985 y 1997, con una inversión de 17 millones de dólares, habilitó 5 000 ha. de cultivo de café, 1 100 ha. de cultivo de cacao y 200 ha. de cultivos varios, que permitieron disminuir entre 1991 y 1996 en 7 500 T.M. la producción ilegal de coca detectada en la zona.


La agricultura Andina Incaica - Peru Inca Trail

LA AGRICULTURA ANDINA - PERU INCA TRAIL

Los orígenes de la Agricultura Andina:

La actividad agrícola en el Perú se remonta a unos diez mil años. En el caso de la sie­rra y, en particular, en la región del Cusco, fue entre el quinto y el cuarto milenio an­terior a nuestra era que empezó a ciarse, en los valles de clima templado, una agricul­tura incipiente, caracterizada por la reco­lección periódica de raíces, legumbres y frutos silvestres y por la siembra de algunas semillas sin emplear todavía técnica alguna de irrigación. Calabazas, pallares, maní, ají, maíz, papa, achira y lúcuma fueron posible­mente los primeros productos cultivados.

A lo largo de un difícil proceso de adap­tación a la compleja geografía serrana, que abarcó casi dos mil anos, el hombre andi­no ideó cómo aprovechar para la agricul­tura diversos tipos de suelo y cómo mejorar la calidad de sus cultivos. Supo también desarrollar la ganadería con algunas espe­cies de camélidos, como la llama y la alpa­ca, empleadas también como animales de carga y como fuentes de materia prima (la­na, cuero). La paulatina domesticación de las plantas permitió a las primeras aldeas asegurar un sustento regular para la cre­ciente población. Cuando surgen las pri­meras culturas con pleno dominio de la alfarería y el arte textil, avanzando el se­gundo milenio anterior a nuestra era, el hombre andino ya había ideado cómo aprovechar para la agricultura la comple­ja geografía serrana y cómo influir en la evo­lución natural de las especies mediante la selección, la hibridación y otras técnicas.

Los logros de la agricultura andina - Peru Inca Trail

Los Andes fueron un gran centro de irra­diación del desarrollo agrícola en América. Los pobladores andinos demostraron gran habilidad para la domesticación de plantas en los distintos microclimas de su medio geográfico. La papa, el maíz, el olluco, la quinua y la oca fueron cultivados en dis­tintas variedades incluso en zonas altas y frías, más allá de los 3 500 msnm. Exponien­do los tubérculos a la congelación natural y luego deshidratándolos, se obtenían pro­ductos de mayor duración y valor alimenti­cio, como el chuño y la moraya (derivados de la papa) y el cahui (derivado de la oca). Más de medio centenar fueron las espe­cies domesticadas el hombre andino. Una lista, no exhaustiva, incluye, entre los tu­bérculos y raíces: papa, oca, olluco, afiu o mashua, camote, yuca, uncucha, yacón, arracacha, achira, jíkima, maca y mawk’ka; entre los granos: fréjol, pallar, tarwi, maíz, quinua, cafiihua, kiwicha, maní y puhuru; por último, entre los frutos: zapallo, cala­baza, lakahuiti, caigua, rocoto, sacha toma­te, tumbo, pepino, granadilla, guayaba, pacay y pepinillo. Dos arbustos, la coca y el sayri, eran apreciados por el efecto es­timulante de la masticación de sus hojas.

La papa o patata, también llamada ak- so en quechua, originaria del Perú y ali­mento básico de los antiguos peruanos, es sin duda una de las plantas de mayor va­lor nutritivo para el hombre. Hoy en día es uno de los cuatro cultivos más impor­tantes del mundo, junto con el maíz, el trigo y el arroz. En el área andina se co­nocen siete especies domésticas de este tubérculo, con aproximadamente cinco mil variedades y más de doscientas espe­cies silvestres. Entre las variedades consu­midas desde tiempos prehispánicos por los peruanos pueden mencionarse la alccai- huarmi (redonda, harinosa y blanca), cho­lla huaccoto (planas, menudas y de corazón amarillo) y pucamama (redonda, de piel morada, con yemas rojas y corazón ama­rillo). A modo de comparación, hay que señalar que en el resto del mundo sólo se conocen alrededor de 750 variedades "www.peruincatrail.net".

El maíz, o sarn en quechua, fue un ali­mento fundamental de los antiguos pe­ruanos, no sólo por su valor nutritivo sino por la posibilidad de almacenar sus granos y hacer harina con ellos. Hoy se produce en todo el mundo. Los hombres andinos desarrollaron cultivos en distintos climas y alturas con tallos de 1,5 m que producían mazorcas todo el año. Se conocen diversas variedades de antigüedad prehispánica, llamadas capia, culli, muruchuo, y otras. El maíz se consumía y se consume todavía en forma de choclo (mazorca tierna), mote (granos cocidos y pelados), cancha (granos tostados) o chochoca (grano molido sanco­chado). También se hace de maíz, desde tiempos inmemoriales, la chicha o aqa, be­bida fermentada con cierto grado alcohóli­co, de gran importancia en las festividades.

La agricultura incaica - Peru Inca Trail:

Los incas aumentaron la provisión de agua mediante drenajes y redes de canales, con­trolaron las inundaciones con diques y re­presas y construyeron prodigiosos andenes (terrazas de cultivo) para conservar los sue­los. Emplearon fertilizantes naturales, al­macenaban y seleccionaban semillas y brotes, y tuvieron como instrumento bá­sico de labranza la taclla o chaquitaclla, especie de arado que era accionado indi­vidualmente, sin ayuda de tracción animal. El uso de las aguas y las faenas agrícolas se organizaban mediante los diferentes ay- llus o comunidades que poblaban el valle, bajo dirección de las panacas o linajes reales. Los ayllus realizaban obras co­munitarias y actividades agrícolas de subsistencia con métodos basados en la reciprocidad, como la minka y el ayni. También realizaban labores destinadas a alimentar a la corte del inca, sus servido­res, la jerarquía burocrática y eclesiástica y el ejército.

La agricultura incaica tenía un calen­dario ritual de gran importancia religiosa. Por ejemplo, la ceremonia del Urna Raymi Quilla (en octubre) tenía como propósito invocar mediante sacrificios la bondad de las lluvias. El Aymoray Quilla (en mayo) érala celebración de la cosecha, dando gra­cias a la madre tierra o Pachamama. La fiesta del Inti Raymi (que aún se celebra en junio en el Cusco) era de adoración al sol como protector de la fecundidad. La distribución del agua de regadío tam­bién tenía connotaciones religiosas. Fra complementada con un sistema de ceques, que eran unas líneas de agua sagrada que salían del templo mayor, el Korikancha, y enlazaban las huacas o sitios sagrados que separaban el territorio de los distin­tos ayllus.

Muchos logros importantes de la agri­cultura incaica siguen siendo la base de la actividad agrícola cusquefia y de mu­chas regiones serranas. Son numerosos los lugares en el Cusco y sus alrededores don­de todavía se pueden apreciar estos gran­des adelantos. El conjunto de andenes y el complejo sistema de riego mediante acueductos y canales deTipón, las andene- rías de Písac y Zurite, los andenes circula­res de Moray son de visita indispensable para los viajeros que quieran apreciar es­te sobresaliente aspecto de la civilización incaica.


martes, 19 de agosto de 2014

La Escuela Cusqueña de Pintura - Peru Inca Trail

La Escuela Cusqueña de pintura surgida durante la colonia es uno de los fenómenos más originales y valiosos del arte americano en general. Nació de la colisión de dos corrientes poderosas: la tradición artística occidental, por un lado, y el afán de los pintores indios y mestizos de expresar su vi¬sión del mundo, por el otro.

Pocos años después de la llegada de los españoles al Cusco se puede rastrear la presencia de pintores europeos en la ciudad, trabajando en lienzos y retablos para la primera Catedral. La intensa actividad desplegada por el pintor italiano Bernardo Bitti marca un primer momento del desarrollo del arte cusqueño."City Tours Cusco Tradicional"

Este artista, nacido en Camerino en 1548 y miembro de la Compañía de Jesús desde los veinte años, introdujo en el Cusco una de las corrientes en boga en la Europa de entonces, el manierismo, cuyas principales características eran el tratamiento de las figuras de manera un tanto alargada, como en las famosas imágenes de El Greco, con la luz focalizada en ellas y un acento en los primeros planos en desmedro del paisaje y otros detalles.

Durante sus dos estancias en Cusco, la primera hacia 1583 y la segunda en 1595, Bitti recibió el encargo de hacer el retablo mayor de la iglesia de su orden y pintó algunas obras maestras, como La coronación de la Virgen (actualmente en el Museo de la iglesia de La Merced) y la Virgen del pajarito, en la Catedral, pero sobre todo hizo escuela y dejó numerosos seguidores.

Otro de los grandes exponentes del manierismo cusqueño es el pintor Luis de Riaño, nacido en Lima y discípulo del italiano Angelino Medoro. A decir de José de Mesa y Teresa Gisbert, autores de la más completa historia del arte cusqueño, Riaño se enseñorea en el ambiente artístico local entre 1618 y 1640, dejando, entre otras obras, los murales del templo de Andahuaylillas. En este mismo templo pinta un Arcángel San Miguel y un Bautismo de Cristo. Una Inmaculada concepción suya se conserva en el convento de La Recoleta y otra en un retablo del convento de Santa Clara, junto a los demás lienzos que conforman el conjunto.

En la pintura cusqueña, el Barroco es sobre todo resultado de la influencia de la corriente tenebrista a través de la obra de Francisco de Zurbarán y del uso como fuente de inspiración de los grabados de arte flamenco provenientes de Amberes. Marcos Ribera, nacido en el Cusco en los años 30 del siglo XVII y fallecido en 1704, es el máximo exponente de esta tendencia. Cinco pinturas suyas de apóstoles se aprecian en la iglesia de San Pedro, otras dos en el retablo mayor y un par adicional en un retablo lateral. El convento de Santa Catalina guarda La piedad, y el de San Francisco algunos de los lienzos que ilustran la vida del fundador de la orden, que pertenecen a varios autores. De Ribera son, entre otros, La visión de la cruz y San Francisco recibe los estigmas.

El término de Escuela Cusqueña se ajusta más estrictamente a la producción artística de los pintores indios y mestizos de fines del siglo XVII. Esta pintura es “cusqueña” no sólo porque sale de manos de artistas locales, sino porque se aleja de la influencia de las corrientes predominantes en el arte europeo y sigue su propio camino.

Este nuevo arte nacido en el Cusco se caracteriza, en lo temático, por el interés puesto en asuntos costumbristas, como la procesión del Corpus Christi, y por la presencia, por vez primera, de la flora y la fauna andinas. Aparecen, asimismo, una serie de retratos de caciques indios, así como cuadros genealógicos y heráldicos. En cuanto al tratamiento técnico, ocurre un desentendimiento de la perspectiva sumado a una fragmentación del espacio en varios espacios concurrentes o en escenas compartimentadas. La predilección por los colores intensos es otro rasgo típico de este estilo pictórico.

Un hecho ocurrido a fines del siglo XVII resultó decisivo para el rumbo que tomó la pintura cusqueña. En 1688, luego de permanentes conflictos, se produjo una ruptura en el gremio de pintores que terminó con el apartamiento de los pintores indios y mestizos debido, según ellos, a la explotación de que eran objeto por parte de sus colegas españoles, que por lo demás constituían una pequeña minoría. A partir de este momento, libres de las imposiciones del gremio, los artistas indios y mestizos se guiaron por su propia sensibilidad y trasladaron libremente al lienzo su manera de concebir el mundo.

La serie más famosa de la Escuela Cusqueña es, sin duda, la de los dieciséis cuadros del Corpus Christi, que originalmente estuvieron en la iglesia de Santa Ana. Ahora, 13 de ellos se encuentran en el Museo de Arte Religioso del arzobispado y tres están en Chile. Realizados por un pintor anónimo de fines del siglo XVII, estos lienzos son considerados verdaderas obras maestras por la riqueza de su colorido, la calidad del dibujo y lo bien logrados que están los retratos de los personajes principales de cada escena, ya sean los caciques indios, las autoridades españolas o los religiosos que acompañan las imágenes. Por si fuera poco, la serie tiene un enorme valor histórico y etnográfico, pues muestra en detalle los diversos estratos sociales del Cusco colonial, así como gran cantidad de aspectos costumbristas de una celebración que ya entonces era central en la vida de la ciudad.

El pintor indio más original e importante es Diego Quispe Tito, nacido en la parroquia de San Sebastián, aledaña a Cusco, en 1611 y activo casi hasta finalizar ese siglo. Es en la obra de Quispe Tito que se prefiguran algunas de las características que tendrá la pintura cusqueña, como cierta libertad en el manejo de la perspectiva, una importancia nunca antes otorgada al paisaje y la abundancia de aves en los frondosos árboles que forman parte del mismo. El motivo de las aves, sobre todo del papagayo selvático, es interpretado por algunos investigadores como un signo evocativo de la resistencia andina o, en todo caso, una alusión a uno de los símbolos de la nobleza incaica.

La parte más valiosa de la obra de Quispe Tito se encuentra en la iglesia de su pueblo natal, San Sebastián. Destaca la serie de doce composiciones sobre la vida de San Juan Bautista en la nave principal del templo, con La danza de Salomé como la obra más lograda. De gran maestría son, asimismo, los dos enormes lienzos dedicados a San Sebastián, el del asentamiento y el de la muerte del santo. Famosa es, por último, la serie del Zodiaco que el artista pinta para la Catedral del Cusco hacia 1680. Se trata de escenas de la vida de Cristo y de parábolas evangélicas dedicadas cada una de ellas a un mes y marcadas por el signo del zodiaco correspondiente. Entre los nueve lienzos que se han conservado, los mejores son La huida a Egipto y la Parábola de los viñateros infieles.

Otro de los gigantes del arte cusqueño fue Basilio Santa Cruz Pumacallo, de ascendencia indígena como Quispe Tito, pero a diferencia de éste, mucho más apegado a los cánones de la pintura occidental dentro de la corriente barroca. Activo en la segunda mitad del siglo XVII, Santa Cruz dejó lo mejor de su obra en la Catedral, pues recibió el encargo de decorar los muros del costado del coro y de los brazos del transepto. Los mejores lienzos de este último conjunto son San Felipe Nieri y San Idelfonso, ¡unto a los dedicados a Santa María Egipciaca y María Magdalena. En el cuadro de la Virgen de Belén ubicado en el coro, sobresale un retrato del obispo y mecenas Manuel Mollinedo que es considerado por los especialistas obra capital de la pintura cusqueña.

Tal es la fama que alcanza la pintura cusqueña del siglo XVII que durante la centuria siguiente, y siempre de la mano de los numerosísimos pintores indios y mestizos que trabajan en la ciudad, se produjo un singular fenómeno que curiosamente dejó huella no sólo en el arte sino en la economía local. Nos referimos a la aparición de talleres industriales que elaboran lienzos en grandes cantidades por encargo de comerciantes que venden estas obras en ciudades como Trujillo, Ayacucho, Arequipa y Lima, o incluso en lugares mucho más alejados, en lo que hoy son Argentina, Chile y Bolivia. El pintor Mauricio García, activo hacia la mitad del XVIII, firmó un contrato para entregar cerca de quinientos lienzos en siete meses. Por supuesto que se trataba de lo que se conocía como pintura “ordinaria”, para diferenciarla de la pintura “de brocateado fino”, de diseño mucho más elaborado y colorido más rico.

El artista más importante del siglo XVIII es Marcos Zapata. Su producción pictórica, que abarcó más de 200 cuadros, se extiendió entre 1748 y 1764. Lo mejor de él son los 50 lienzos de gran tamaño que cubren los arcos altos de la Catedral del Cusco y que se caracterizan por la abundancia de flora y fauna como elemento decorativo.

El desarrollo artístico esbozado hasta aquí ha llevado a los ya mencionados José de Mesa y Teresa Gisbert a afirmar con fundados argumentos que “el fenómeno cusqueño es único y señala en lo pictórico y cultural el punto en que el americano enfrenta con éxito el desafío que supone la constante presión de la cultura occidental.”

El Cusco Colonial con Peru Inca Trail

Al poco tiempo de entrar en el Cusco, los españoles procedieron al reparto de solares, asignándose en propiedad tanto el con­junto de la ciudad Puma, es decir, el nú­cleo de carácter sagrado que se levantaba entre los ríos Saphy y Tullumayo, cuanto parte de las zonas de cultivo que se exten­dían al oeste del primero de estos ríos. Es­te despojo, como es natural, tuvo enormes implicaciones para la capital incaica.

En lo que se refiere a la arquitectura, la colisión de dos mundos se expresó ini­cialmente en la edificación de casonas que siguieron los patrones peninsulares, inclui­dos los techos de teja, pero utilizando los muros perimétricos de las kanchas incaicas. Lo mismo ocurrió con la edificación de las iglesias católicas, que muchas veces se su­perpusieron a antiguos templos o palacios incaicos, como es el caso del templo y con­vento de Santo Domingo, erigido sobre el Korikancha; del convento de Santa Cata­lina, que se alza sobre el Acllawasi o Casa de las Vírgenes del Sol, y del Palacio Arzobisbal, que hace lo propio sobre el Palacio de Inca Roca.


La nueva ciudad que poco a poco va sur­giendo en las primeras décadas de ocupa­ción española se caracteriza ante todo por la combinación de dos soberbias arqui­tecturas, la incaica y la española, lo cual distingue al Cusco de cualquier otra ciu­dad en América.

Otra muestra de esta simbiosis arqui­tectónica son los así llamados muros de transición; es decir, esos paramentos que a primera vista parecen incaicos, pues es­tán construidos siguiendo las técnicas de edificación prehipánicas, sobre todo en lo referente al labrado de la piedra y al encaje perfecto entre bloque y bloque, pero que fueron levantados ya en tiem­po de los españoles y por eso no presen­tan la inclinación tan característica de los muros incas. Las portadas de algunas ca­sonas, como la de la actual Escuela Re­gional de Bellas Artes en la calle Marqués, y paramentos como el llamado de las Sie­te Culebras, en la calle del mismo nom­bre, son algunas de las expresiones más sobresalientes de esta arquitectura inca colonial.

En cuanto al trazado urbano, sólo en ra­ras ocasiones las manzanas españolas coin­ciden con las antiguas kanchas incaicas. Las más de las veces lo que ocurre es que una manzana agrupa varias kanchas, con lo cual empiezan a desaparecer las estre­chas callejas que separaban a éstas. Con todo, en el Cusco que surge después de la Conquista es posible todavía reconocer algunas huellas de su traza original incai­ca. Tal es el caso de espacios abiertos, como los de las plazas de Armas y Regocijo, así como de las plazoletas de Limpacpampa Grande, Chico y de Santo Domingo. Es el caso, asimismo, de calles que han con­servado en mucho su ancho original y par­te de los muros que las flanqueaban, como Loreto, Ahuacpinta, San Agustín, Puma- cusco, Romeritos, Cabrakancha y Siete Culebras.


También data de los primeros años de ocupación española la creación de las pa­rroquias de indios en algunos de los barrios periféricos de la antigua capital incaica y que en adelante, junto con los pueblos de San Sebastián y San Jerónimo, albergarían a la población expulsada de la ciudad Puma. Es el caso de las parroquias de San Cris­tóbal, Santa Ana y San Blas, creadas entre 1559 y 1562 en lo que fueran los barrios incaicos de Kolkampata, Karmenka y To- kokachi, respectivamente. Un poco más tarde, en 1572, se crearon las parroquias de Santiago y del Hospital de Naturales, que también albergan a población mayoritariamente indígena.

El Cusco colonial devino una ciudad claramente segregada, en la que el centro estaba ocupado por los conquistadores eu­ropeos y sus descendientes criollos y los arrabales, en cambio, por los indios. Con el paso de los siglos, una serie de arcos tangibilizó esta división entre un Cusco crio­llo y uno indígena. Se trata del arco de Santa Clara, de los recientemente recons­truidos arcos de Santa Ana y San Andrés y del ahora inexistente arco de la Alcaba­la o Arcopunco, que estaba ubicado en lo que actualmente es la avenida de la Cul­tura, a la altura de la calle Huayna Cápac.

Una fecha importante en la configura­ción urbana del Cusco es el 31 de marzo de 1650, cuando un fuerte terremoto sacu­de la ciudad y la deja prácticamente en ruinas. Iglesias como la Compañía, la Mer­ced, Santa Catalina, San Blas y San Sebas­tián, así como el seminario San Antonio Abad y el Hospital de Naturales quedaron destruidos, en tanto otras sufrieron serios daños. Un documento de singular impor­tancia para conocer cómo era la ciudad ha­cia 1650 es un lienzo que se conserva en la Catedral y que es conocido como el pa­norama de Monroy. El mural que ahora se aprecia en la primera cuadra de la ave­nida Sol, a la altura de la playa de esta­cionamiento del Palacio de Justicia, es una recreación de este lienzo.

El período que va de 1650 a 1700 es el de reconstrucción del Cusco y conforma­ción de una nueva imagen urbana, la mis­ma que se ha conservado esencialmente hasta el día de hoy. De hecho, la mayoría de los monumentos arquitectónicos que se aprecian actualmente en la ciudad da­tan de este período.

El conjunto monumental que surge a raíz del terremoto, sin duda uno de los más valiosos de la América hispana, tiene co­mo componente principal sus edificios re­ligiosos, pero la arquitectura civil que les sirve a éstos de contexto —es decir, pa­lacetes y casonas— no desmerece en ca­lidad.

Tres obras emblemáticas del arte arqui­tectónico cusqueño, la Catedral, la Com­pañía y el convento de la Merced, permiten aquilatar la singularidad e importancia del Cusco colonial. En cuanto a la primera, curiosamente no hay acuerdo entre los es­pecialistas sobre el estilo al que pertenece. Tienen razón por eso quienes consideran que este magnífico edificio resume la his­toria del primer siglo de arquitectura co­lonial, tomando en cuenta, además, que las obras se iniciaron en 1560 y se prolonga­ron, tras sucesivas modificaciones en sus planos, hasta 1668. El interior de la Ca­tedral se caracteriza por sus colosales pro­porciones y la austera simplicidad de sus pilastras y cornisas. Esta sobriedad de lí­neas parece ser deudora del clasicismo español de un arquitecto como Juan de He­rrera, el autor de El Escorial, pero debe estar influida, asimismo, por la rigurosidad y simpleza de las mejores muestras de arquitectura incaica. Muy distinto es el tra­tamiento de la puerta principal, que da­ta de la segunda mitad del XVII y es considerada como una singular muestra del barroco cusqueño, pues sobresale no tanto por la profusión decorativa cuanto por una acertada combinación de los ór­denes clásicos de la arquitectura. La Catedral, finalmente, no sería lo que es sin la belleza de la andesita incaica de re­flejos rojizos utilizada como material de construcción. Por todo esto, hay renom­brados especialistas que opinan que esta iglesia es la más admirable del hemisfe­rio occidental.

La Compañía y la Merced, por su parte, son las expresiones más logradas del barro­co cusqueño, estilo con el que la arquitec­tura de la ciudad llega a su cumbre más alta. Para el caso de la primera iglesia, es en su portada primorosamente ornamentada y en la profusión de detalles como columnas, pilastras, hornacinas, nichos, escudetes y cornisas, donde mejor se expresa el estilo mencionado. No menos importantes pa­ra la cautivante belleza del conjunto son la esbeltez y acertada proporción de la com­posición, que tiene el doble de alto que de ancho, y la feliz solución encontrada pa­ra las torres, con sus ojos de buey y pilas­tras que los guarnecen. Justificadamente se ha dicho que en su tiempo la Compañía produjo una revolución en el arte arqui­tectónico cusqueño, abriendo un rumljo que fue seguido por otras edificaciones. La Merced debe su fama al claustro principal del convento: un trabajo de gran origina­lidad y belleza por La Escuela Cusqueña de pintura surgida durante la colonia es uno de los fenómenos más originales y valiosos del arte ameri­cano en general. Nació de la colisión de dos corrientes poderosas: la tradición artística occidental, por un lado, y el afán de los pin­tores indios y mestizos de expresar su vi­sión del mundo, por el otro un city tours Cusco.

Pocos años después de la llegada de los españoles al Cusco se puede rastrear la presencia de pintores europeos en la ciudad, trabajando en lienzos y retablos para la pri­mera Catedral. La intensa actividad des­plegada por el pintor italiano Bernardo Bitti marca un primer momento del de­sarrollo del arte cusqueño.

Este artista, nacido en Camerino en 1548 y miembro de la Compañía de Je­sús desde los veinte años, introdujo en el Cusco una de las corrientes en boga en la Europa de entonces, el manierismo, cu­yas principales características eran el tra­tamiento de las figuras de manera un tanto alargada, como en las famosas imágenes de El Greco, con la luz focalizada en ellas y un acento en los primeros pla­nos en desmedro del paisaje y otros de­talles .


Durante sus dos estancias en Cusco, la primera hacia 1583 y la segunda en 1595, Bitti recibió el encargo de hacer el reta­blo mayor de la iglesia de su orden y pintó algunas obras maestras, como La corona­ción de la Virgen (actualmente en el Mu­seo de la iglesia de La Merced) y la Virgen del pajarito, en la Catedral, pero sobre todo hizo escuela y dejó numerosos se­guidores.

Otro de los grandes exponentes del ma­nierismo cusqueño es el pintor Luis de Riaño, nacido en Lima y discípulo del ita­liano Angelino Medoro. A decir de José de Mesa y Teresa Gisbert, autores de la más completa historia del arte cusqueño, Riaño se enseñorea en el ambiente artís­tico local entre 1618 y 1640, dejando, en­tre otras obras, los murales del templo de Andahuaylillas. En este mismo templo pinta un Arcángel San Miguel y un Bau­tismo de Cristo. Una Inmaculada concepción suya se conserva en el convento de La Recoleta y otra en un retablo del concontraste de las pare­des casi rústicas con la opulenta decoración de las columnas.


jueves, 14 de agosto de 2014

Fotografos de Machu Picchu con Peru Inca Trail

Fotografos de Machu Picchu con Peru Inca Trail: Además de otras habilidades, Bingham fue un excelente fotógrafo. Ciertamente, para la expedición a machu picchu de 1912, el propósito principal eran las excavaciones en Machu Picchu tours. Su aporte está en la producción de un registro claro de las ruinas incas. También animó a los otros miembros del grupo de fotógrafos de la expedición a usar la Kodak 3-A y otras cámaras panorámicas para fotografiar la ciudadela inca Machupicchu.

Como muchas de las fotografías de la expedición peruana de Yale están en manos privadas; colecciones completas están en el Peabody Museum en Yale, la National Geographic Society y la Hispanic Society of America.

En lo posible se usan las anotaciones hechas por los fotógrafos de la expedición peruana de Yale. Éstas están indicadas en letras cursivas.

FOTOGRAFOS DE LA EXPEDICIÓN PERUANA DE YALE A MACHU PICCHU TOURS (1911-1915):
  • Hiram Bingham, en su tienda en Machu Picchu, 1912.
  • Hiram Bingham, arriando la muía, al final de la expedición de 1911.
  • Hiram Bingham con otros miembros de la expedición de Yale y los dignatarios peruanos a finales de la exitosa expedición de Yale.
  • Poster armado de los archivos de la National Geographic, abril 1913.
  • Excavación debajo de Ñusta Isppana, la Roca Blanca, 1912.
  • “Uno de nuestros cargadores cruzando el río Pampaconas”
  • “Saavedra y su cerámica Inca”
  • “En la profundidad de la selva del río Pampaconas…”
  • “El mismo descendiente Inca de Espíritu Pampa”
  • “Puente improvisado para cruzar el Urubamba, 1912”


Vista del Machu Picchu desde el campamento de la expedición que hizo su ingreso a inicios de julio de 1912. De cerca, el 17 de agosto se exhibe en este espacio el progreso alcanzado…”La sagrada plaza antes de la excavación en machu picchu tours…”; “Defensas de Machu Picchu…”

  • Uno de los “conjuntos familiares”, conocido como el sector industrial…
  • La sagrada plaza desde el Sur de machu picchu…
  • “El Intihuatana del Inca hecho por los constructores de Machu Picchu”
  • George Eaton excavando cerca al muro oeste del templo principal de machupicchu, 1912.
  • “El primer entierro en una cueva de Machu Picchu conteniendo un cráneo humano”
  • “… Dr. Eaton, y sus ayudantes indios durante la excavación de un esqueleto humano”
  • “Antiguo camino hacia Machu Picchu”
  • Fotografiando Machu Picchu tours, 1912.
  • Dibujos hechos por las expediciones peruanas de Yale a Machu Picchu Tours:
  • Machu Picchu: usaron el método de “ojos de amarra”
  • Machu Picchu: el poder de una puerta de la ciudadela
  • Plano de Ñusta Isppana
  • Plano de Llactapata
  • Plano de Palcay
  • Puente construido sobre el Urubamba (Valle sagrado de los incas)
  • Machu Picchu: “grupo de las tres puertas”
  • Machu Picchu: “grupo de los nichos extraños”
  • Machu Picchu: “grupo ingenioso y del jardín privado”
  • Machu Picchu: plano de la “plaza sagrada y “ojos de pájaro”. Vista de la “plaza sagrada y de la “serpiente de roca”
  • Plano de la parte central de Machu Picchu
  • Caminos alrededor de Machu Picchu y Huayna Picchu


Viajes a Machu Picchu con Peru Inca Trail:

Poco son los que se dan realmente cuenta de cuánto se debe a los peruanos. Escaso es también el número de las personas que aprecian debidamente el hecho de que nos dieran la papa, variedades de maíz y drogas tan útiles al hombre como la quinina y la cocaína. Su civilización, que empleó miles de años para desarrollarse, se caracterizó por el genio intensivo, la destreza artística y un conocimiento de la agricultura que no ha sido aventajado más tarde. En la elaboración de hermosa cerámica y en el tejido de telas finas, igualaron lo mejor que Egipto y Grecia podían ofrecer. Aunque los Incas gobernaron a millones de vasallos bajo un benévolo despotismo, que no permitía a nadie sufrir de hambre o de frío, no poseyeron un idioma escrito y ni siquiera jeroglíficos. Debido a ello, nuestro saber depende de lo que podemos ver o de lo que nos dejaron, ayudados por los cronistas del siglo XVI, contemporáneos de Pizarro y de los conquistadores, muchos de los cuales miran su historia y su política con ojos europeos. El Inca Garcilaso de la Vega, por ejemplo, permaneció cuarenta años en España antes de escribir su famosa narración sobre sus antepasados.

Cuatrocientos años atrás, el último de los Incas vivía en una de las más inaccesibles regiones de los Andes, la que se extiende entre los ríos Apurímac y Urubamba, dos importantes afluentes del Amazonas. Aquí estaban aislados, de la parte del Perú que había caído bajo la potestad de Pizarro y de los conquistadores, por poderosos precipicios, desfiladeros a tres millas de altura, cañones de granito de más de una milla de profundidad, glaciares, selvas ecuatoriales y, en fin, poderosas corrientes. Durante treinta y cinco años gozaron de virtual independencia, semejante a la que tuvieron sus antepasados durante siglos. Dos fueron sus capitales: Vitcos, reducto militar construido de prisa, en que recibieron de cuando en cuando a refugiados, emisarios españoles y misioneros agustinos, y Vilcapampa, la residencia principal, santuario magníficamente edificado al cual ningún español logró penetrar jamás.

Con la muerte del último Inca, en 1571, Vitcos fue abandonado. Fortaleza en lo alto de una montaña, era inconveniente como sitio de residencia. Su nombre estuvo olvidado y había gran confusión acerca del lugar de su emplazamiento cuando logramos descubrirla. La real ciudad de Vilcapampa se hallaba completamente perdida. Santuario sagrado, escondido al borde de grandes precipicios en un cañón estupendo, el secreto de su existencia estuvo seguramente sepultado por tres largas centurias a la sombra de las montañas de Machu Picchu tours. Y esas ruinas tomaron entonces el nombre de la montaña, porque cuando las encontramos, nadie sabía cómo llamarlas.

Este maravilloso santuario inca Machu picchu tours, perdido durante tres siglos, se convirtió finalmente en una verdadera Meca para los turistas ambiciosos. Quienquiera fuese a Sudamérica quiso verlo. Antes se empleaban dos o tres días de duro viaje desde el Cusco, a lomo de muía o a pie; pero ahora puede alcanzarse por tren y muía en un día. Posiblemente, en poco tiempo habrá un buen camino para automóviles. Además, el Cusco, que estaba a una semana de Lima, puede ahora alcanzarse por medio del avión… ¡en pocas horas! Vienen peregrinos tanto de Buenos Aires y Santiago como de Nueva York y Washington. Todos concuerdan con el difunto Frank Chapman, de amada memoria, en que “por la sublimidad de sus vecindades, la maravilla de su ubicación y el carácter y misterio de sus construcciones, el hemisferio occidental no tiene nada comparable”.

Una vez que la descubrí, en 1911, la Universidad de Yale y la National Geographic Society hicieron posible que yo explorara la región acuciosamente y que publicase el resultado de mis estudios. Estos informes han estado durante largo tiempo agotados. Mientras tanto, aparecieron varios documentos, y arqueólogos profesionales extendieron nuestro conocimiento de los Incas hasta el punto de que pareció conveniente reunir todo lo que se supiese de Machu Picchu: sus orígenes, cómo llegó a perderse y cómo fue finalmente descubierta, y presentarlo como ahora lo hago, en forma popular, para provecho de los que sienten curiosidad respecto de los Incas y de la ciudad sagrada que lograron ocultar de los conquistadores españoles.

En el corazón del país, a unas cincuenta millas de distancia de la ciudad capital del Cusco, está el Gran Cañón del Urubamba, uno de los sitios más bellos del mundo. Fue durante siglos imposible que los viajeros lo recorriesen, porque un escarpado precipicio de granito, que se eleva dos mil pies desde las riberas del río, desafiaba cualquier esfuerzo que se hiciera para franquearlo. Los plantadores que cultivaban cacao y azúcar en el bajo valle sólo podían llevar sus productos al mercado cruzando un paso cubierto de nieve tan alto como nuestro famoso Pikes l’eak. Más tarde persuadieron al Gobierno peruano para que abriese un camino, horadando una cara del gran precipicio de granito. Lo usaron durante varios años sin sospechar siquiera que en lo más elevado de la empinada ceja, a dos mil pies encima de ellos, descansaban las ruinas de un gran santuario inca. Raimondi, gran explorador de la geografía peruana, las ignoró. El minucioso Diccionario Geográfico del Perú, de Paz Soldán, no las menciona, aunque su existencia se rumoreaba desde 1875. Charles Wiener, enérgico explorador francés, las buscó sin éxito. Fueron visitadas sólo por varios fornidos mestizos y unos cuantos indios modernos. Un crecido número de ambiciosos buscadores de tesoros estuvieron tratando de hallar la última capital incaica. Eí nuevo camino hizo posible los descubrimientos de las expediciones peruanas de que se da cuenta en este volumen.

Cusco Tradicional con Peru Inca Trail

Cusco Tradicional con Peru Inca Trail: Sería erróneo, no obstante, pensar que la cusqueña es una sociedad que esconde conflictos en mayor grado que otras. En to­do caso, tal vez fuera así de no ser por el importante papel de cohesión social que juegan las fiestas en poblaciones que, como la cusqueña, tienen una marcada herencia cultural de las civili­zaciones andinas prehispánicas en el Peru. Las fiestas implican, en efecto, un complicado sistema de “cargos” y “jurcas”, el mismo que con­siste en la elección, año a año, de las personas que tendrán la res­ponsabilidad de organizar los actos festivos, los “carguyoc” o mayordomos. Estos, a su vez, comprometen la ayuda (“jurcan”) de parientes y amigos, tanto para cubrir algunos de los numero­sos gastos como para encargarse de ciertos aspectos del compli­cado ritual de cada festividad.

Tan importante es la fiesta para los cusqueños que se puede afirmar, sin temor a exagerar, que la vida de la ciudad está pauta­da por el calendario festivo en el Peru, que incluye desde las principales ce­lebraciones religiosas, como las de Semana Santa y el Corpus Christi, hasta las relacionadas con la Semana Jubilar del Cusco cada 23 de Junio, como el desfile cívico y el Inti Raymi o Fiesta del Sol cada 24 de Junio, pasando por múltiples otras fiestas del Cusco Tradicional. Las manifestaciones festivas son también diversas, siendo las más características las procesiones, en el caso de las fiestas religiosas, siempre con el acompañamiento de una banda de músicos o “cape­ros” y de alguna danza, y los desfiles en el de las civiles, los mismos que incluyen también comparsas de bailarines y carros alegóricos.

Todas estas manifestaciones tienen por escenario los espacios públicos y muchas de ellas la Plaza de armas de la ciudad Cusco y las ca­lles céntricas, con la consiguiente perturbación del tráfico vehicular.

El cusqueño, lejos de sentirse molesto por las incomodidades que suscitan las celebraciones que tan frecuentemente alteran el ritmo de vida de su ciudad, disfruta contemplando las procesio­nes y desfiles, para lo cual suele apostarse con mucha anticipa­ción en las graderías del atrio de la Catedral principal del Cusco o bajo los portales de la plaza principal del Cusco Tradicional. Por lo demás, para los directamente implica­dos en la organización de la fiesta, la prolongación de las proce­siones y desfiles, son las comidas y bailes que se realizan en espacios públicos de la plaza de armas, como los atrios de las iglesias, o en las casas de los mayordomos. Es en estas ocasiones que los cusqueños, orgullosos de sus costumbres, se muestran sumamente hospitalarios.

Al margen de los momentos festivos, el cusqueño diferencia bastante las esferas de lo público y lo privado. La vida de la fa­milia transcurre en la casa y los pobladores de la ciudad son por lo general poco dados a abrir las puertas de sus viviendas a per­sonas poco conocidas. Dentro de la casa, por otro lado, son muy marcadas todavía las diferencias de roles entre el varón y la mujer. Esta, con o sin ayuda de una empleada doméstica, tiene la res­ponsabilidad de preparar y servir los alimentos y, en general, de cumplir o velar por el cumplimiento de todas las tareas del hogar. La cocina familiar es un espacio netamente femenino, al que el varón ni siquiera asoma.

Rezago también del Cusco tradicional es la poca presencia de la mujer en la esfera pública. Hay espacios que son prácticamen­te reservados a los hombres, como los bares y cantinas y los sa­lones de billar. Por lo general, asimismo, el varón tiene una vida social mucho más activa que la mujer, que pasa más tiempo en el espacio doméstico. Es frecuente el caso, incluso, de esposos que rara vez se muestran en lugares públicos con sus esposas. Es­to, lejos de llamar la atención, es una norma admitida en la vi­da de la ciudad.

Las picanterías y las quintas (restaurantes campestres o, por lo menos, con espacios abiertos) son los lugares preferidos por las familias cusqueñas para comer fuera de casa un día domingo o en alguna ocasión especial. Las picanterías y chicherías, nu­merosísimas en todo el Cusco y fáciles de reconocer por los pen­dones con flores o, últimamente, plásticos de color rojo que se exhiben en las portadas de las casas que las albergan, son el espa­cio de socialización por excelencia, sobre todo para los cusqueños de los sectores populares, a lo que contribuyen las mesas y bancos largos que reúnen a los comensales, así no se conozcan entre sí.

No en vano Uriel García, un escritor indigenis­ta cusqueño de la primera mitad del siglo XX, ha aquilatado la importancia de las picanterías llamán­dolas “cavernas de la nacionalidad”.

El Cusco cosmopolita – Peru Inca Trail:

Cusco tradicional, que conserva mo­dos y costumbres de larga historia inca y que se mantiene al margen del cambio moderno y una velocidad que caracterizan la vida de las ciudades en este nuevo milenio, exis­te uno moderno siendo el Cusco Cosmopolita, cuyo rápido ritmo está marcado por la actividad turística que visitan la ciudad del Cusco Cosmopolita, el valle sagrado de los incas, el camino inca a machu picchu, inka jungle trek a machupicchu, choquequirao trek, lares trek a machu picchu, salkantay trekking, y muchos lugares a ser visitados por todo viajero dentro del Peru Magico. De hecho, la así llamada industria sin chimeneas es la que dinamiza la vida económica de una ciudad enclavada en una región eminentemente agrícola, de econo­mía deprimida y muy mal comunicada todavía con las grandes ciudades de la costa y con el ex­tranjero del mundo.

Hoteles y restaurantes, bares y cafés, pubs y discotecas, agen­cias de viaje y empresas de transporte, tiendas de souvenirs y de implementos fotográficos, minimarkets, librerías, tiendas de dis­cos, cabinas públicas de Internet, galerías de arte; todo esto y mu­cho más forma el entramado de servicios relacionados con el turismo. Son centenares las personas que trabajan directamente en la actividad y se cuentan por miles las ocupadas de manera indirecta en relación con la producción y servicios destinados al turista, desde los artesanos que tejen prendas de lana de al­paca hasta los niños que vestidos a la usanza indígena posan junto a una llama en las calles ante los muros incaicos.

En doscientos mil se calculan los visitantes extranjeros que llegan anualmente a Cusco Tradicional. Para una población que apenas so­brepasa los trescientos mil habitantes, esta presencia es muy no­toria. De hecho, se podría decir figuradamente que el turista se ha apropiado del centro histórico de la ciudad. Allí donde antes vivía una familia acomodada, ahora funciona un hostal; donde había un zapatero, ahora hay una lavandería rápida; donde esta­ban los comercios de ropa o abarrotes o pasamanería, ahora hay agencias de turismo, souvenirs, casas de cambio, etc., etc. Son los efectos indeseables de una mala planificación de esta importantísima actividad económica, pero es también el precio que la ciu­dad debe pagar por la actividad que le da sustento.

En las dos o tres décadas de convivencia con el turista, el cus- queño está cambiando mal que le pese. Los únicos en contactar­se durante mucho tiempo fueron los guías y empleados de hoteles y agencias de viajes y turismo en el Peru. Luego siguieron los “bricheros”, especie de gente andinos que enamoran a las extranjeras explotando el interés de éstas por lo indio y por los incas. A los “bricheros” se sumaron las “bricheras”, jóvenes cusqueñas que además de diversión bus­can seguramente un trato distinto, más igual, con el varón. Y, con el tiempo, los diversos locales que antes sólo atendían a turistas, desde pubs hasta pizzerías, se fueron llenando de cusqueños de ambos sexos deseosos de departir con los viajeros de todos los puntos del planeta que llegan a su ciudad del Cusco Cosmopolita. Ahora, la pizza se ha convertido en uno de los platos preferidos de la población local.

Es en la vida nocturna donde más se nota el cambio de rostro de la antigua ciudad imperial. Si el Cusco, por los fríos riguro­sos que lo castigan la mayor parte del año, dormía antes apenas pasadas las ocho o las nueve de la noche, tiene ahora una agitada vida bohemia que se prolonga hasta las madrugadas. Los lo­cales que ofrecen música andina en vivo al filo de la medianoche, y luego lo último del rock mientras haya parroquianos, son los que ponen la nota característica de la noche cusqueña, donde ex­tranjeros y nativos, salvando las barreras idiomáticas y cultura­les, descubren que son más las cosas que unen a los ciudadanos con distintos pasaportes que las que los separan.

Tal es el Cusco hoy, una ciudad cuyos habitantes se debaten entre la nostalgia por el imperio perdido, muestra de lo cual es el Inti Raymi, y el deseo de reconciliarse con la historia, por más dolorosa que sea, como pareciera ocurrir en la fiesta del Corpus Christi, amalgama de elementos culturales andinos y occidentales. Una ciudad, en suma, que está con un pie en el nuevo milenio, pe­ro que todavía se resiste a levantar el otro de los siglos pasados.



martes, 12 de agosto de 2014

El arte popular cusqueño con Peru Inca Trail

El arte popular cusqueño: Uno de los atractivos del recorrido por la región cusqueña es la variedad de artesanías típicas que ofrecen los distintos poblados. La alfarería, los tejidos y otras expresiones artesanales mantienen un conjunto de rasgos característicos distintos, por ejemplo, de los de la artesanía de Huaraz o de Ayacucho, al mismo tiempo que ciertos detalles varían de localidad en localidad. La ciudad del Cusco, sobre todo en el pintoresco barrio de San Blas, ofrece una gran variedad de productos artesanales de todo el departamento.

Se aconseja a los viajeros adquirir artesanía en los centros de productores, en tiendas especializadas y en los mercados de abastos, desconfiando de la calidad de lo que ofrecen aisladamente algunos vendedores callejeros. Es importante recordar que no está permitida la comercialización de piezas de arte ni de reliquias históricas, precolombinas o coloniales, por ser delito contra el patrimonio cultural de la nación. Por consiguiente, deben rechazarse las ofertas clandestinas de presuntos objetos artísticos antiguos.

El estilo artesanal cusqueño - Peru Inca Trail

La artesanía andina conserva muchas técnicas y formas precolombinas. Tal es el caso de los telares tradicionales, sean verticales, horizontales o de cintura, o de las técnicas del paleteado y del moldeado para la cerámica. Del arte virreinal, en cambio, la artesanía cusqueña ha heredado el ropaje formal y el lenguaje artístico, presentes en sus variadas expresiones, como la imaginería religiosa. A continuación algunos ejemplos de artesanía cusqueña.

Textilería del Arte Popular Cusqueño

Como ha señalado el investigador científico John Murra, los tejidos eran uno de los objetos más esmeradamente trabajados y más apreciados por los antiguos peruanos. Poseían un valor de cambio para pagar tributos y servicios recibidos y tenían además un valor simbólico y ritual. Finalmente, dependiendo de su calidad, eran objetos que otorgaban status a su propietario. No es casual que hasta el día de hoy las campesinas quechuas de las zonas aledañas al Cusco, sobre todo de las comunidades del Valle Sagrado de los incas, conserven la tradición de ser diestras productoras de tejidos de una belleza asombrosa.

Confeccionadas con lana de alpaca, llama u oveja, las prendas que tejen las campesinas son variadísimas, desde los chumpis o fajas, hasta las ponchos, pasando por las Mellas (chales), quepe- rinasy unkuñas que usan las mujeres para llevar en la espalda a sus bebés o diversos productos. Lo característico de todas estas prendas son los ornamentos utilizados en el diseño, los así llamados pallaes, que han dado fama a los textiles cusqueños. Estos ornamentos tienen por lo general una rica variedad de motivos zoo- morfos y antropomorfos, pero también incluyen representaciones simbólicas del sol y las estrellas, los fenómenos naturales y los campos de cultivo, al extremo que hay autores que consideran que los tejidos son el libro de la sabiduría andina.

Tejidos elaborados por las campesinas de las comunidades de Písac, Chinchero, Calca y Lares en el Valle Sagrado, así como de otras poblaciones de la región del Cusco, pueden ser encontrados en las ferias dominicales de Chinchero y Písac, y en algunas tiendas especializadas de la ciudad. En esta última los precios pueden parecer elevados, pero su calidad garantizada los justifica.

Imaginería del Arte Popular Cusqueño

La técnica y el colorido de la imaginería cusqueña, a diferencia de la textilería, se originan, sin rezago preciso alguno, en la época colonial. La madera, el maguey, el yeso y la tela encolada son los materiales con los que los imagineros cusqueños dieron forma original a vírgenes, santos, cristos, ángeles, niños manuelitos y reyes magos.

San Blas es el barrio que concentra al mayor número de imagineros. En torno a la plaza y en las calles aledañas se encuentran los talleres de las familias Mendívil, Olave, Mérida y Rojas, que conforman verdaderas dinastías de artistas populares. La de los Mendívil, por ejemplo, se remonta a más de un siglo. El representante más famoso de este clan fue don Nicolás Góngora, que vivió en la centuria pasada y esculpió las imágenes de santos que hasta ahora se veneran en muchas de las iglesias de distintas provincias del Cusco. Eran admirados, sobre todo, sus patrones Santiago, por lo que el artista recibía encargos hasta de los departamentos vecinos. Hilario Mendívil y su esposa Georgina Dueñas, por su parte, ganaron renombre internacional en los años setenta y ochen¬ta con sus delicadas imágenes de cuello largo. Ahora son sus hijos quienes continúan la tradición familiar.

Así como los Mendívil, cada imaginero de San Blas tiene su especialidad y estilo característicos. Manuel Olave debe su prestigio a sus niños manuelitos. Santiago Rojas, a las pequeñas figurillas que representan a los bailarines de la fiesta de Paucartambo y a sus máscaras. Edilberto Mérida, a su cerámica expresionista o “grotesca”, como el mismo artista la ha bautizado, y a sus reproducciones de la pintura cusqueña colonial.

Cerámica del Arte Popular Cusqueño

La producción alfarera tradicional se ha refugiado en el pueblo de Raqchi, a 115 km del Cusco, en la carretera a Sicuani. Utilizando técnicas heredadas de los incas, como el moldeado en base a cintas, los pobladores del lugar producen tanto cerámica utilitaria que comercializan en las ferias de la zona, como objetos destinados al mercado turístico, incluidas las famosas salamandras, que son vasijas en forma de botella coronadas por una figura zoomorfa.

Los alfareros de Písac, a su vez, se especilizan en la decoración de la producción de Raqchi dentro de la así llamada “línea incaica”, que recurre a la policromía y los motivos geométricos tan carac¬terísticos de la cerámica inca. Otro rubro importante de la artesanía del lugar son las chaquiras, cuentas de cerámica decoradas también con diseños geométricos tradicionales.

En el mismo Cusco destaca la producción de la familia Ruiz Caro, iniciadores de la así llamada “Cerámica Cusqueña”, que se caracteriza por la fabricación de cerámica utilitaria, sobre todo vajilla, que combina un esmaltado de alta calidad con la estilización de los motivos de la cerámica incaica.

Platería del Arte Popular Cusqueño

La platería cusqueña combina técnicas y motivos prehispánicos y coloniales. Uno de los objetos más difundidos son los tupus, grandes alfileres ornamentales usados por las campesinas para sujetar sus mantas y que ya eran utilizados por los incas. Trabajados no sólo en plata sino también en cobre, los tupus destacan por la rica ornamentación de la cabeza del alfiler con motivos zoomorfos y fitomorfos. Cuchillos ceremoniales o tumis, llamas, vicuñas e idolillos antropomorfos son también objetos característicos de la platería cusqueña que recogen tradiciones prehispánicas.

Entre los artesanos que trabajan en la ciudad con técnicas y temática tradicional destaca Gregorio Cachi, diestro en el uso de técnicas de origen precolombino, como el boceteado de moldes en barro mezclado con pelos de alpaca y cuy, al igual que el repujado y martillado. Prendedores, collares, tupus, anillos y diversos objetos utilitarios son la especialidad de la familia Cachi.

En el rubro de la joyería, tanto de oro como de plata, sobresale la dinastía de los Ormachea, padre e hijos, y Carlos Chaquiras, quienes trabajan preferentemente en el estilo colonial y en el étnico, que se caracteriza por la estilización de motivos de la orfebrería prehispánica.

Cerería y tallado en madera en Cusco tours

La cerería cusqueña es reconocida por la fabricación de velas y cirios decorados, cuya función originaria era cubrir las necesidades del culto, pero que en las últimas décadas son también demandados por los turistas. La familia Moreno, del barrio de San Blas, se dedica a este arte desde hace varias generaciones.

Por otro lado, las tiendas especializadas en la venta de velas artesanales, talladas y coloreadas, se concentran en la calle Meloc, a pocas cuadras de la Plaza de armas.

Existe también en el Cusco una notable artesanía de talla en madera, aplicada a la fabricación de muebles, marcos, retablos y objetos ornamentales diversos. Utilizando como materia prima el cedro y la caoba, estos artistas realizan su obra en base a motivos como las uvas, jarrones, grecas y muchos otros. Un especialista reconocido por sus pequeños balcones ornamentales, que pueden servir como mostrador o para exhibir imágenes religiosas es Domingo Alvarez, quien tiene su taller en plena plaza del barrio de San Blas.

Los innovadores del Arte Popular Cusqueño

Una cerámica muy original que combina técnicas prehispánicas con diseños propios es la que está produciendo Pablo Seminario en su casa taller de Urubamba (Valle Sagrado de los Incas). Su cerámica utilitaria, así como los botellones escultóricos y los cuadros hechos en base a placas de cerámica, se pueden adquirir en la tienda “La Mamita”, en la plaza mayor de la ciudad.

El diseño inspirado en motivos prehispánicos es también la especialidad de Miki Suzuki, quien expresa su arte sobre todo en chompas, joyería y cerámica. “Pedazo” se llama la tienda de la calle Plateros donde se vende esta fina producción artesanal.

La fabricación de velas adornadas en base a productos andi¬nos como la coca, la quinua y el maíz y con formas sumamente originales es la especilidad de Cecilia Peralta, heredera, como tantos otros artistas, de una tradición familiar. Su arte se puede apreciar en “La Tienda Taller” del Portal Comercio en la Plaza de armas.

Talleres y tiendas en la ciudad del Cusco

Textilería
  • Tiendas Museo de Josefina Olivares e hijos Plateros 334 y Santa Clara 501.
  • Alpaca 111 (ver anuncio en pág. 197).
  • Plaza Regocijo 202.
  • Aeropuerto Velasco Astete (Sala de Embarque)
  • Hotel Libertador (Interior), Hotel Monasterio (Interior) Machu Picchu Sanctuary Lodge
  • Plateros
  • Gregorio Cachi
  • Urbanización Ttío U-4.
  • Tel. 224052
  • Hernán Ormachea Plateros 372.
  • Carlos Chaquiras Triunfo 375.
Imaginería
  • Antonio Olave
  • Calle Plazoleta 651.
  • Agripina Mendívil
  • Plazoleta de San Blas 646.
  • Juana y Felicia Mendívil. Museo de Hilario Mendívil Plazoleta de San Blas 634.
  • Francisco Mendívil Calle Plazoleta 619.
  • Mérida. Tienda
  • Plazoleta San Blas 120-B.
  • Taller: Carmen Alto s/n.
  • Santiago Rojas Suytucato 751.
  • Cerámica Ruiz Caro. Taller
  • Calle Coquimbo 1121, Santiago.
Tiendas de velas
  • Comercial San Carlos Meloc 409. Cerería San José Meloc 495. Familia Moreno
  • Taller en Carmen Alto 187.
  • Tienda en San Agustín 307, interior 105.
Talla en madera
  • Domingo Alvarez Corimanya Plazoleta de San Blas 652.
  • Principales artesanos del barrio de San Blas
  • Georgina de Mendívil
  • Plazoleta de San Blas 634.
  • Francisco Mendívil
  • Plazoleta de San Blas 619.
  • Edilberto Mérida Carmen Alto 133.
  • Antonio Olave
  • Plazoleta de San Blas 651.
  • Santiago Rojas Suytucato 751.