sábado, 23 de agosto de 2014

La Coca - Peru Inca Trail

La Coca - Peru Inca Trail: Su nombre exacto en idioma quechua es kuka. y su denominación científica es Eryth- roxylon coca. Es un arbusto oriundo del Perú, que crece en tierras húmedas y de clima cálido y subcálido, entre 1 500 y 1 900 msnm. Su tallo, delgado y poco ramoso, alcanza unos 2 m. De él brotan ramas delgadas con abundantes hojas, ovaladas y enteras, que muestran una nervadura central bastante acentuada. Sus flores son blancas y pequeñas; y sus frutos, aprovechables sólo por las semillas, son pequeños y secos, en forma de drupas ovaladas de un vivo color rojo.

Desde antiguos tiempos prehispánicos fue muy apreciada esta planta, por el leve efecto psicotrópico de la masticación de sus hojas. Estas poseen una pequeña proporción de cocaína en la forma de cinomilcocaína, alocinamilcocaína, tropococaína y benzoilecgomina, compuestos resultantes de diferentes combinaciones de los ácidos cocaico y truxílico, que sufren alteraciones por acción de la luz solar, el calor o el tiempo. El contenido de alcaloide de las hojas se eleva hasta 40 y 60 por ciento si son secadas al sol o a la sombra. Esta es la fase inicial del proceso conducente a destilar y concentrar el alcaloide para uso narcótico. Cuando el paso del tiempo es mayor, la cocaína se crueca en cinomilcocaína. La hoja fresca, en cambio, como la usa el hombre andino, sólo ofrece efectos estimulantes y tónicos.

Las hojas de coca se acullican (se mastican) aderezadas con llipta (ceniza), formando un bolo que es retenido en la boca y lentamente proporciona sus beneficios, sin necesidad de ingerir nue\as finjas durante algunas horas. Todo este proceso de masticación y disfrute de sus efectos es el chacchado de la coca, que "estimula, abstrae, alegra, entristece, embriaga, ilusiona, alucina, impasibiliza" (según el escritor Enrique López Albújar). Al chaícharla adquiere el campesinb resistencia a la fatiga y al hambre, o sutileza para penetrar en las complejidádes’del alma humana. Con ella oficia el pacco (chamán andino) durante sus ceremonias mágicas; y ensimismado, el hombre andino la saborea para penetrar en los arcanos de su destino.

La hoja de coca tiene también aplicaciones medicinales de antigua data. En casos de cefalalgia se aplican las hojas de coca, algo mascadas o enteras, sobre las sienes. Para mitigar los dolores ventrales se masca las hojas con llipta. La infusión se toma para contrarrestar el mal de altura, para controlar la diarrea y aun los vómitos originados por la tuberculosis; y en fricciones se emplea para curar los sabañones.

No se ha encontrado la coca en estado silvestre, y los testimonios arqueológicos dan a conocer que su uso estuvo ampliamente difundido mucho tiempo antes de ser unificado bajo el dominio de los incas, de modo que su cultivo fue el resultado de seculares trabajos. Al efecto, empezaban con la preparación de la semilla; cogían los frutos durante el mes de marzo, por ser entonces cuando aquélla se halla en sazón; la ponían donde no le diera el sol; en su momento formaban almacigos; y luego trasplantaban éstos a las chacras, formando hileras en las cuales debían quedar las plantas a medio metro una de otra, y cuidando que las raíces quedasen íntegramente estiradas, pues basta que se doblen o se quiebren para ocasionar la pérdida del retoño. 

Cuando han llegado a su punto, "cogen la hoja tomando cada rama de por sí entre los dedos de la mano, la cual corren con tiento hasta llegar al pimpollo; (pero) no han de llegar a él porque se seca toda la rama. Cogida la hoja, la secan al sol; no ha de quedar del todo seca porque pierde mucho el verdor, que es muy estimado, y se convierte en polvo, por ser tan delicada, ni ha de quedar con mucha humedad, porque en. los cestos donde la echan para llevarla de unas partes á otras, se enmohece y se pudren han'de dejarla en un cierto punto, que participe de uno y de otro. Los cestos hacen de cañas hendidas, que las hay muchas y muy buenas, gruesas y delgadas, en aquellas provincias de los Antis; y con las hojas de las cañas gruesas, que son anchas de más de una tercia y largas de más de media vara, cubren por de fuera los cestos, porque no se moje la coca, que la ofende mucho el agua; y con un cierto género de cáñamo, que también lo hay en aquel distrito, enredan los cestos. Cógese aquella yerba de cuatro en cuatro meses, tres veces al año, y si escardan bien y a menudo la mucha que con ella se cría de continuo, porque la tierra en aquella región es muy húmeda y muy caliente, se anticipa más de quince días cada cosecha; de manera que vienen a ser casi cuatro cosechas al año; por lo cual, un diezmero codicioso de los de mi tiempo, cohechó a los capataces de las heredades más ricas y principales que había en el término del Cusco por que tuviesen cuidado de mandar que las escardasen a menudo; (y) con esta diligencia quitó al diezmero del año siguiente las dos tercias partes del diezmo de la primera cose cha" (Inca Garcilaso). 

Antiguamente estuvo limitado su cultivo a las chacras del inca; y para labrarlas eran enviados los criminales, pues la humedad y el calor las hacían insalubres para las gentes de la tierra alta, de modo que sólo a manera de castigo era posible recoger las hojas en sazón. Su uso estuvo limitado al inca y la nobleza; pero a manera de favor solía aquél permitirlo a quienes se distinguían en su servicio, y, con cautelosa medida, a los soldados en campaña o a los chasquis que vencían los caminos del imperio. Y tan alta estimación dispensaron a esta planta que la ofrecieron en los más solemnes sacrificios, así como a las huacas para atraer la protección de los ancestros, y a las apachetas para que les permitiesen vencer las asperezas de la jornada. 

Después de la conquista dividiéronse las opiniones de los españoles en tomo a los efectos de la coca: pues unos los atribuyeron a la influencia de las antiguas supersticiones, otros pensaron que eran puramente imaginarios, y no faltaron quienes la vieron producir "fuerza y aliento en los indios", pues "con un puñado de coca (podían) caminar doblando jornadas, sin comer a veces otra cosa" (José de Acosta). En consecuencia, permitieron la generalización de su empleo, tanto para halagar a los indios como para obtener el mayor rendimiento de su trabajo. Aumentó su consumo en tal grado, que se velan manadas de dos y tres mil llamas, cargadas con cestos de coca; y sólo en Potosí alcanzó el año 1583 a 100 000 cestos, cuyo precio por unidad llegó a ser hasta de cinco pesos ensayados. Una di-fusión en tal escala hubo de originar alguna preocupación a las autoridades y a los misioneros: el virrey Marqués de Cañete dispuso la restricción de los cultivos, el primer Concilio Límense (1567-69) juzgó que el chacchar se vinculaba a las antiguas prácticas religiosas de los indios, juristas como Hernando de Santillán y Francisco Falcón consideraron la necesidad de adoptar providencias que condujesen a la extirpación del coqueo, y el virrey Francisco de Toledo creyó conciliar los opuestos puntos de vista mediante la reglamentación del cultivo y el comercio de la coca. Andando el tiempo, hubo hombres de ciencia que llegaron a recomendar "la planta divina", sugiriendo su empleo doméstico en lugar del té; encareciendo su benéfica acción sobre las energías de marinos y sol-dados; y aun destacando sus virtudes analgésicas, depurativas y estimulantes.

No obstante la extensión y la frecuencia del hábito del chacchado, sería erróneo estimar que este tipo de consumo genera toxicomanía. Esta costumbre se caracteriza por el uso regular de unas pocas hojas para todo el día. Por otra parte, esta forma de coqueo no origina deterioro de la actividad mental o física, ni relajación moral. Existe un margen importante de cultivo tradicional de hoja de coca que nada tiene que ver con actividades delictivas.  "www.peruincatrail.net".

En distintas ocasiones se han dado campañas que han presentado el chacchado de coca como una toxicomanía (acompañada por trastornos digestivos, cefalalgia, limitación del apetito e insomnio), promoviendo campañas sanitarias y educativas para combatirla y limitarla. No obstante, se advierte actualmente que los síntomas analizados se presentan aunados a la alimentación deficiente y cierto grado de alcoholismo, de modo que los trastornos experimentados por los coqueros no deben reputarse íntegramente a los efectos de la planta, sino al complejo fisiológico que acompaña a todo desgaste orgánico.

Durante la década de 1950 los mayores cultivos de coca se localizaban en los departamentos de Cusco, Huánuco, Ayacucho y La Libertad. Cuatro décadas después, durante los años 1990, la mayor producción se ha registrado en los departamentos de Huánuco (en la cuenca del Huallaga y del Pachitea), Ucayali, Apurímac y Cusco, correspondiendo a este último el cuarto lugar en importancia. El año 1950 la producción toral de coca ascendió a 8.603 T.M., elevándose en 1960 a 9 045 T.M. A nivel nacional, en términos totales, el cultivo de coca abarcó 115 300 ha en 1995 y disminuyó a 38 700 ha en 1999. A su vez, la producción de hoja de coca, que fue de 183 600 toneladas métricas en 1995, bajó a 69 100 toneladas métricas en 1999. En el caso del Cusco, el área cultivada de coca en términos totales alcanzó 7 500 ha en 1999, dando una producción de 6 700 T.M. de hoja de coca para ese mismo año.

Durante la década de 1990 el fenómeno del narcotráfico obligó a diferenciar entre el cultivo tradicional de hoja de coca, destinado al chaccheo, y el destinado al mercado ilegal, notoriamente expandido en zonas de ceja de selva y en la cuenca del Huallaga. La proliferación del narcotráfico no sólo ha tenido efectos perniciosos internos, sino también en la imagen externa del Perú, dando lugar a una tergiversación del verdadero sentido del uso tradicional de la hoja de coca, cuya importancia ceremonial, tónica y medicinal desde tiempos milenarios nada tiene que ver con la drogadicción. Según cifras oficiales, el Perú produjo en 1990 el 60% de la producción mundial de hoja de coca. De una superficie total de 121 000 ha. destinadas en 1990 a este cultivo, cerca de 10.000 tuvieron como finalidad el consumo tradicional y 111 000 el mercado clandestino destinado a la elaboración ilegal de drogas. En 1990, de una producción total de 197 000 T.M. de hoja de coca, se estima que 181 000 T.M. fueron dedicadas al mercado ilegal, facilitando la producción de 1 600 T.M. de pasta básica de cocaína y 700 T.M. de clorhidrato de cocaína. Hasta 1997, gracias al esfuerzo conjunto del Estado peruano y los organismos internacionales relacionados con el control de drogas, las ha. destinadas al cultivo de coca disminuyeron de 121 000, en 1990, a 69 000 en 1997. En el mismo período, la producción de hoja de coca descendió de 197 000 a 130 000 T.M. Influyó en esta disminución el creciente debilitamiento de los grupos armados, ya fueran del narcotráfico o terroristas, que obstaculizaban la acción promocional del Estado en esas zonas. Este proceso positivo sigue su curso, que requiere ser complementado con políticas apropiadas en los países que son grandes centros consumidores.  "www.peruincatrail.net".

A diferencia del chaccheo dé hoja de coca, que aprovecha nutrientes y consume un bajo índice de alcaloide, las drogas derivadas de la hoja de coca concentran alcaloide puro mediante agentes químicos dañinos. De ahí que a la adicción se añada un grave riesgo a la salud. El producto narcótico contiene abundantes sustancias residuales altamente tóxicas y letales, ya que todo el proceso de concentración, secado (pasta básica) y cristalización (clorhidrato) requiere constante aplicación de kerosene, amoniaco, ácido sulfúrico, ácido clorhídrico, soda cáustica y permanganato de potasio. La Organización Mundial de la Salud ha opinado en contra de las propuestas de legalización de la cocaína no sólo por el aspecto adictivo sino también por las condiciones insanas de su procesamiento. Estas drogas, en todas sus modalidades, ocasionan directos daños físicos al producir hiperactividad vegetativa, hipertermia, psicosis tóxica, anorexia, rinitis crónica, hipertensión y arritmias respiratorias. Estos efectos se traducen en lesiones orgánicas, y anímicamente en inestabilidad emocional, dificultad comunicativa, abulia, negligencia incontrolada y violencia súbita contra seres queridos. La principal política antidrogas es la prevención y la difusión del peligro que ofrecen. El problema social ocasionado por las drogas en el Perú es importante. Mientras en 1988 los consumidores de pasta básica de cocaína y de clorhidrato de cocaína sumaron dentro del Perú 363 000 individuos respecto a una población de 21 millones de habitantes, en 1998 sumaron 3 millones de personas sobre un total de población de 24,5 millones de habitantes "www.peruincatrail.net".

La sustitución de los cultivos ilegales de coca por otros productos, útiles y a la vez rentables, es considerada por la comunidad internacional como la solución más efectiva para atender el problema social que representa esta actividad. Tanto en América del Sur como en otros continentes, el narcotráfico fomenta cultivos ilegales sin ocuparse directamente del desarrollo sostenido de dicha actividad, centrando su atención en localidades desatendidas económicamente y con dificultades para generar mejores ingresos con otros productos. La acción estrictamente militar y la erradicación violenta de los cultivos ilegales en determinadas circunstancias puede agravar el problema social antes que resolverlo. Por otra parte, además de involucrarse en una actividad riesgosa, los agricultores que optan por el cultivo ilegal de coca sufren un rápido deterioro de sus tierras hábiles, que no puede subsanarse sin apoyo técnico. La actividad co- calera no programada ha dado lugar, entre 1988 y 1996, a una tasa de deforestación del orden de las 1 000 ha. anuales, según el INEI. 

No es posible lograr una producción continua de coca más allá de unos pocos años, de tal suerte que los cultivadores ilegales pronto se ven obligados a migrar en busca de nuevas tierras. Hay, por tanto, implicancias sociales y ecológicas que deben tomarse en cuenta. En forma conjunta con el Estado peruano y diversos organismos no gubernamentales, el PNUFID (Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas) conduce desde 1984 proyectos de prevención del uso de drogas y de promoción de cultivos alternativos en el marco de las convenciones internacionales respectivas suscritas por los países de las Naciones Unidas en 1971 y 1988. 

El programa de cultivos alternativos ha invertido entre 19 84 y 1998 un total de 50 millones de dólares, y entre 1988 y 1995 ha logrado sustituir 20 000 ha. de cultivo ilegal, beneficiando a más de 15 000 familias. Se han desarrollado en los últimos 10 años 8 proyectos importantes de cultivos alternativos: Bajo Huallaga, Huallaga-Pachitea-Ucayali, Aguaytía-Pichis Palcazu, Monzón-Tingo María, Apurímac-Ene, Palmapampa, Inambari-Tambopata y, en el Cusco, La Convención y Lares. Según datos del PNUFID (Naciones Unidas), el proyecto La Convención y Lares, entre 1985 y 1997, con una inversión de 17 millones de dólares, habilitó 5 000 ha. de cultivo de café, 1 100 ha. de cultivo de cacao y 200 ha. de cultivos varios, que permitieron disminuir entre 1991 y 1996 en 7 500 T.M. la producción ilegal de coca detectada en la zona.


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