jueves, 14 de agosto de 2014

Cusco Tradicional con Peru Inca Trail

Cusco Tradicional con Peru Inca Trail: Sería erróneo, no obstante, pensar que la cusqueña es una sociedad que esconde conflictos en mayor grado que otras. En to­do caso, tal vez fuera así de no ser por el importante papel de cohesión social que juegan las fiestas en poblaciones que, como la cusqueña, tienen una marcada herencia cultural de las civili­zaciones andinas prehispánicas en el Peru. Las fiestas implican, en efecto, un complicado sistema de “cargos” y “jurcas”, el mismo que con­siste en la elección, año a año, de las personas que tendrán la res­ponsabilidad de organizar los actos festivos, los “carguyoc” o mayordomos. Estos, a su vez, comprometen la ayuda (“jurcan”) de parientes y amigos, tanto para cubrir algunos de los numero­sos gastos como para encargarse de ciertos aspectos del compli­cado ritual de cada festividad.

Tan importante es la fiesta para los cusqueños que se puede afirmar, sin temor a exagerar, que la vida de la ciudad está pauta­da por el calendario festivo en el Peru, que incluye desde las principales ce­lebraciones religiosas, como las de Semana Santa y el Corpus Christi, hasta las relacionadas con la Semana Jubilar del Cusco cada 23 de Junio, como el desfile cívico y el Inti Raymi o Fiesta del Sol cada 24 de Junio, pasando por múltiples otras fiestas del Cusco Tradicional. Las manifestaciones festivas son también diversas, siendo las más características las procesiones, en el caso de las fiestas religiosas, siempre con el acompañamiento de una banda de músicos o “cape­ros” y de alguna danza, y los desfiles en el de las civiles, los mismos que incluyen también comparsas de bailarines y carros alegóricos.

Todas estas manifestaciones tienen por escenario los espacios públicos y muchas de ellas la Plaza de armas de la ciudad Cusco y las ca­lles céntricas, con la consiguiente perturbación del tráfico vehicular.

El cusqueño, lejos de sentirse molesto por las incomodidades que suscitan las celebraciones que tan frecuentemente alteran el ritmo de vida de su ciudad, disfruta contemplando las procesio­nes y desfiles, para lo cual suele apostarse con mucha anticipa­ción en las graderías del atrio de la Catedral principal del Cusco o bajo los portales de la plaza principal del Cusco Tradicional. Por lo demás, para los directamente implica­dos en la organización de la fiesta, la prolongación de las proce­siones y desfiles, son las comidas y bailes que se realizan en espacios públicos de la plaza de armas, como los atrios de las iglesias, o en las casas de los mayordomos. Es en estas ocasiones que los cusqueños, orgullosos de sus costumbres, se muestran sumamente hospitalarios.

Al margen de los momentos festivos, el cusqueño diferencia bastante las esferas de lo público y lo privado. La vida de la fa­milia transcurre en la casa y los pobladores de la ciudad son por lo general poco dados a abrir las puertas de sus viviendas a per­sonas poco conocidas. Dentro de la casa, por otro lado, son muy marcadas todavía las diferencias de roles entre el varón y la mujer. Esta, con o sin ayuda de una empleada doméstica, tiene la res­ponsabilidad de preparar y servir los alimentos y, en general, de cumplir o velar por el cumplimiento de todas las tareas del hogar. La cocina familiar es un espacio netamente femenino, al que el varón ni siquiera asoma.

Rezago también del Cusco tradicional es la poca presencia de la mujer en la esfera pública. Hay espacios que son prácticamen­te reservados a los hombres, como los bares y cantinas y los sa­lones de billar. Por lo general, asimismo, el varón tiene una vida social mucho más activa que la mujer, que pasa más tiempo en el espacio doméstico. Es frecuente el caso, incluso, de esposos que rara vez se muestran en lugares públicos con sus esposas. Es­to, lejos de llamar la atención, es una norma admitida en la vi­da de la ciudad.

Las picanterías y las quintas (restaurantes campestres o, por lo menos, con espacios abiertos) son los lugares preferidos por las familias cusqueñas para comer fuera de casa un día domingo o en alguna ocasión especial. Las picanterías y chicherías, nu­merosísimas en todo el Cusco y fáciles de reconocer por los pen­dones con flores o, últimamente, plásticos de color rojo que se exhiben en las portadas de las casas que las albergan, son el espa­cio de socialización por excelencia, sobre todo para los cusqueños de los sectores populares, a lo que contribuyen las mesas y bancos largos que reúnen a los comensales, así no se conozcan entre sí.

No en vano Uriel García, un escritor indigenis­ta cusqueño de la primera mitad del siglo XX, ha aquilatado la importancia de las picanterías llamán­dolas “cavernas de la nacionalidad”.

El Cusco cosmopolita – Peru Inca Trail:

Cusco tradicional, que conserva mo­dos y costumbres de larga historia inca y que se mantiene al margen del cambio moderno y una velocidad que caracterizan la vida de las ciudades en este nuevo milenio, exis­te uno moderno siendo el Cusco Cosmopolita, cuyo rápido ritmo está marcado por la actividad turística que visitan la ciudad del Cusco Cosmopolita, el valle sagrado de los incas, el camino inca a machu picchu, inka jungle trek a machupicchu, choquequirao trek, lares trek a machu picchu, salkantay trekking, y muchos lugares a ser visitados por todo viajero dentro del Peru Magico. De hecho, la así llamada industria sin chimeneas es la que dinamiza la vida económica de una ciudad enclavada en una región eminentemente agrícola, de econo­mía deprimida y muy mal comunicada todavía con las grandes ciudades de la costa y con el ex­tranjero del mundo.

Hoteles y restaurantes, bares y cafés, pubs y discotecas, agen­cias de viaje y empresas de transporte, tiendas de souvenirs y de implementos fotográficos, minimarkets, librerías, tiendas de dis­cos, cabinas públicas de Internet, galerías de arte; todo esto y mu­cho más forma el entramado de servicios relacionados con el turismo. Son centenares las personas que trabajan directamente en la actividad y se cuentan por miles las ocupadas de manera indirecta en relación con la producción y servicios destinados al turista, desde los artesanos que tejen prendas de lana de al­paca hasta los niños que vestidos a la usanza indígena posan junto a una llama en las calles ante los muros incaicos.

En doscientos mil se calculan los visitantes extranjeros que llegan anualmente a Cusco Tradicional. Para una población que apenas so­brepasa los trescientos mil habitantes, esta presencia es muy no­toria. De hecho, se podría decir figuradamente que el turista se ha apropiado del centro histórico de la ciudad. Allí donde antes vivía una familia acomodada, ahora funciona un hostal; donde había un zapatero, ahora hay una lavandería rápida; donde esta­ban los comercios de ropa o abarrotes o pasamanería, ahora hay agencias de turismo, souvenirs, casas de cambio, etc., etc. Son los efectos indeseables de una mala planificación de esta importantísima actividad económica, pero es también el precio que la ciu­dad debe pagar por la actividad que le da sustento.

En las dos o tres décadas de convivencia con el turista, el cus- queño está cambiando mal que le pese. Los únicos en contactar­se durante mucho tiempo fueron los guías y empleados de hoteles y agencias de viajes y turismo en el Peru. Luego siguieron los “bricheros”, especie de gente andinos que enamoran a las extranjeras explotando el interés de éstas por lo indio y por los incas. A los “bricheros” se sumaron las “bricheras”, jóvenes cusqueñas que además de diversión bus­can seguramente un trato distinto, más igual, con el varón. Y, con el tiempo, los diversos locales que antes sólo atendían a turistas, desde pubs hasta pizzerías, se fueron llenando de cusqueños de ambos sexos deseosos de departir con los viajeros de todos los puntos del planeta que llegan a su ciudad del Cusco Cosmopolita. Ahora, la pizza se ha convertido en uno de los platos preferidos de la población local.

Es en la vida nocturna donde más se nota el cambio de rostro de la antigua ciudad imperial. Si el Cusco, por los fríos riguro­sos que lo castigan la mayor parte del año, dormía antes apenas pasadas las ocho o las nueve de la noche, tiene ahora una agitada vida bohemia que se prolonga hasta las madrugadas. Los lo­cales que ofrecen música andina en vivo al filo de la medianoche, y luego lo último del rock mientras haya parroquianos, son los que ponen la nota característica de la noche cusqueña, donde ex­tranjeros y nativos, salvando las barreras idiomáticas y cultura­les, descubren que son más las cosas que unen a los ciudadanos con distintos pasaportes que las que los separan.

Tal es el Cusco hoy, una ciudad cuyos habitantes se debaten entre la nostalgia por el imperio perdido, muestra de lo cual es el Inti Raymi, y el deseo de reconciliarse con la historia, por más dolorosa que sea, como pareciera ocurrir en la fiesta del Corpus Christi, amalgama de elementos culturales andinos y occidentales. Una ciudad, en suma, que está con un pie en el nuevo milenio, pe­ro que todavía se resiste a levantar el otro de los siglos pasados.



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